lunes 26 de enero de 2009

Adiós Alejandra (o el sueño de las tristezas)




I

Sobrevivo a La Macarena, el barrio donde vivo, a sus calles empinadas y sus casas envejecidas por el tiempo y el descuido de quienes las habitan y también sobrevivo a quienes las habitan: viejos fantasmas sin sueños consumidos entre la soledad de sus rencores.

Sobrevivo a sus artistas artificiales con sus poses mentirosas y sus obras vacías, a sus ladrones fracasados y el retardado mental que mete sus narices donde no lo han llamado. A su iglesia pequeña y blanca, con sus rejas que no permiten que descanse mi fe ciega en cualquier cosa que no sea Dios, e intento escapar de las artimañas que se tejen en las esquinas y las tiendas.

Sobrevivo a los vecinos que tiran basura en la esquina de mi edificio, a mi edificio y sus paredes grises con sus ventanas sucias, a las mujeres que pasan por el frente de mi casa con la frivolidad de sus miradas; a los perros callejeros que ladran cuando quiero estar en silencio y al ruido fragoso de los autos que taladra mi cerebro.

Intento escapar de sus borrachos apestosos y del delirio de los sobrios, de las esquirlas que lanzan las ancianas para envenenar a todo aquel que pasa por el frente de ellas, a sus mentiras piadosas, sus verdades disfrazadas, sus cabellos blancos, las manchas en sus manos y las arrugas de sus rostros.

Sobrevivo a los domingos en mi barrio, porque nunca pasa nada más que sus propias miserias y una paz aciaga que se retuerce cuando llega la noche. Intento escapar de los viernes en mi barrio porque sus calles se llenan de autos atestados de tipos espurios y mujeres sin horizonte.

Sobrevivo a los restaurantes que invaden La Macarena con su arquitectura quimérica, sus comidas simuladas, a sus edificios construidos a la fuerza, a las manías de los niños que saltan por sus calles; al cáncer que invade sus alevosos andenes y al olor a mierda que dejan los perros que camina al lado de sus dueños acartonados convertidos en sus esclavos.

Sobrevivo a la tiranía del frío que recorre sus calles, a los aullidos de la tristeza que cubre los techos cuando llega la madrugada. Sobrevivo a los extranjeros con la humildad falsa en los ojos y la carroña carcomiéndoles el corazón, sobrevivo a ellos porque vienen en busca de droga, mujeres, hombres y lavar sus culpas por el odio que nos sembraron, e intento sobrevivir a sus apáticas sonrisas.

Sobrevivo a mí, a la dejadez por cualquier cosa que me rodea, por no tener el coraje de escapar de todo aquello a lo que sobrevivo, por no saber a dónde correr más allá de mi cabeza y a esta soledad que aprieta y repele hasta asfixiarme, hasta llevarme al borde de la muerte.

II

Me he quedado solo en mitad de la espesa oscuridad de mi habitación, atrapado y sin salida, acorralado, herido, sangrando, con los pies desnudos y las manos derrotadas. Me he quedado tirado sin mirar a ningún lado, animal feroz vencido, agonizando, perdido y despiadado, abrazado a sus rodillas esperando ver pasar a Alejandra mientras se consume con su cigarrillo.

Me he quedado oliendo desde la vacuidad de mi casa el aroma que nace de la calle, ahí donde todas las mañanas pasan los celadores y sus hambrientas miserias, donde mi vecina, una solitaria anciana vive en una casa de tres pisos, alimenta a los perros desolados y sin dueño y va todas las mañanas a misa de seis y luego se devuelve para seguir corroyéndose en su desamparo; una lluvia de bendiciones se desploma sobre su cabeza, ella las esquiva, le teme a las bendiciones que caen desde el cielo pero se arrepiente en la iglesia y pide perdón a Dios por espantarse ante el temor de seguir viva atrapada entre la soledad y el vacío de sus años.

Me he quedado parado frente a mi ventana para ver pasar a Alejandra, para mirarla sin que se dé cuenta, para seguirla hasta que su figura delgada se pierda, entonces mi corazón se alegra, se agita y luego todo vuelve a su aterradora normalidad, de nuevo aparece la tormenta, un huracán llega para arrasarlo todo, entonces me quedo sin nada, sin recuerdos, sin lejanas apatías.

Me he quedado sentado, temblando de miedo, intentando decir adiós Alejandra ya se esfumaron los sueños de la tristeza, ya nada me toca, ya nada importa, pero un viento arrebata de mi garganta las palabras, las veo salir y despedazarse una a una. Me he quedado sin fuerzas para levantarme y salir corriendo detrás de ella, mientras los balcones de estas casas envejecidas se suicidan ante los ojos de sus enmohecidos dueños.

Me he quedado contando las horas, las partículas de polvo que viajan de un lado a otro para meterse en mi nariz, siento un golpe fuerte dentro de mi estomago, ahora me sacuden los escalofríos que invaden todo mi cuerpo, estoy solo en esta habitación y afuera se escuchan los gritos de los estudiantes que uno a uno van cayendo borrachos sobre las aceras mientras olvidan que ya no son nada más que polvo y humo esparcido por las cloacas de este barrio al que sobrevivo mientras espero ver pasar a Alejandra.

III

Vivo perdido entre mis propias palabras, sintiéndome un insecto a punto de ser aplastado por un pie enorme, escupiendo en los andenes del barrio donde vivo, pero a nadie le importa porque todos saben que ya no tengo mucho tiempo.

No tengo tiempo para lanzar desde mi ventana paracaídas atados a las colillas de aquellos cigarrillos que han muerto entre mi manos, no tengo tiempo para saltar sobre las sombras y destruirlas para que no perturben más la soledad de estas calles que se desdibujan en mi memoria; no me queda tiempo para gritar a los hijos de puta que se orinan en las paredes del edificio donde sobrevivo.

No me queda tiempo para llorar por lo que un día se escapo de mis manos y tampoco le queda tiempo a mis manos para extrañar eso que se esfumo, no me queda más tiempo, sólo tengo un instante para poner los dedos sobre el piso y ahuyentar la banalidad de los días que pasan como agujas por mi cuerpo.

IV

Pasan los días y como alfileres se clavan en mi pecho, ha vuelto la lluvia y Bogotá de nuevo se convierte en una ciudad gris, con el desespero brotando por sus edificios grises y sus calles rotas, el frio no sólo se siente en el aire, se percibe en las personas, en sus miradas sin brillo, en sus gestos toscos y su caminar rápido; nada en Bogotá es soportable, es una ciudad que hiere, descuartiza, desbarata, asesina, acorrala y pervierte sin misericordia.

Me escondo de Bogotá en mi habitación, cierro las ventanas para que no entre su olor a suciedad, a tristeza y desenfreno, me asusta esta ciudad, la velocidad sin medida de sus autos, la indiferencia absoluta de sus habitantes, el desgano melancólico de sus putas envejecidas y tristes, el humo que cubre los techos descoloridos, el afán de medio día y la desventura de la tarde.

Me asusta Bogotá y su maniaca aniquilación por todo aquello que se detenga un instante y su desapego a la verdad. Me asustan sus alcantarillas, sus postes deteriorados, sus semáforos enloquecidos y su obsesiva necesidad de estropear el tiempo. Me asusta su falsa alegría, sus noches desordenadas, sus poetas mentirosos, sus intelectuales acartonados y sus indigentes afligidos.

Me asusta su horrible visión del mundo y sus atardeceres sórdidos, la angustiosa desolación de sus jóvenes y la derrota absoluta de sus ancianos. Me asusta la tristeza de sus jardines, la frialdad de sus fachadas, los bares atiborrados de seres desdichados fingiendo ser felices, los neo artistas perdidos en sus egos y la mediocridad de su talento, los viejos artistas estancados entre sus ideas dilatadas y alejadas de la realidad que nos extermina.

Me asusta la nauseabunda insuficiencia de sus dirigentes y la parálisis de sus mentes, la estorbosa estupidez de sus discursos vacíos y llenos de elocuentes mentiras. Me asusta Bogotá porque sus calles asesinan las esperanzas y devoran la belleza, porque es una ciudad sin contemplaciones que arrasa y aniquila sin piedad la felicidad.

V

En estos días en que todo parece estar muerto, en donde nada entra por las ventanas y todo se va muriendo: el dolor persiste. En estos días en que todo va más despacio, en que el aire es denso y el tiempo se detiene, es cuando más espero a Alejandra.
En estos días cuando la lluvia cae como cuchillos desgarrando el vientre de las calles, y la tristeza azota los techos de las casas, cuando todo parece haber sido derrotado por la soledad y el espanto, me siento a esperar que ya nada me golpee mi rostro.

En estos días cuando todo huele a dolor, cuando La Macarena se hunde entre la neblina de sus miedos una su sombra, en la calle y las esquinas, acecha a las mujeres de este barrio para desgarrar sus cuerpos, para aniquilar su felicidad. En estos días en que la vida se vuelve un dolor aciago, me siento a esperar el viento que ya no destroza mi cuerpo.

En estos días en que los minutos se vuelven lentos, en que el ruido aprisiona las puertas de mi barrio es cuando me quedo inmóvil al ver llegar a Alejandra para decirle: Sálvame de esta agonía que devasta mi pecho.

En estos días en la Macarena en que todo huele a miedo, ya nadie camina tranquilo y las noches se han vuelto insoportables, yo me quedo escondido en mi cuarto, acariciando mi rodilla enferma y esperando a que mis ojos se vayan consumiendo.
En estos días en que me siento derrotado, ya nada me salva tan solo Alejandra.

VI

En días como hoy todo es dolor como un golpe en el costado, como una puñalada en el pecho; en días como hoy sólo quiero cerrar los ojos y no pensar, dejar de hacerlo, olvidar que puedo hacerlo. Todo es efímero, nada parece estar en su lugar, el ruido de las construcciones se esparce por mi cabeza y un zumbido permanente destroza el silencio. Veo a través de la ventana como caen cientos de pájaros ante el horror de la vida.

En días como hoy todo se perturba e intento sobrevivir a la debilidad de mi cuerpo enfermo, a mi envejecimiento prematuro, a mis deudas, a los bocadillos, a mis soledades, a esta ciudad llena de escombros que caminan por sus calles, a mis terrores, a las pesadillas del amor y a la vida; el amor es un precio muy alto que debemos pagar por una migaja de felicidad y la vida es tan sólo un sueño dirigido.

En días como hoy caen cientos de alfileres en mi rostro, la estupidez de mis sueños me derrota, me recojo para protegerme de mis fantasmas, los delirios se me apresuran y todo a mí al redor se vuelve salvaje.

En días como hoy asesino una esperanza, escapo de la nostalgia como escapo de mi sombra, esa sombra que me asecha y me espera para saltar sobre mi espalda. En días como hoy me retuerzo, abrazo una lejana tristeza, vuelvo y me pongo de pie, caigo otra vez, no quiero levantarme, ya no me interesa, no me cae bien hacerlo.

En días como hoy ya nada tiene sentido, un rayo de sol golpea mi rostro y el miedo vuelve a sentarse sobre mis piernas, mi cabeza está a punto de estallar, los aullidos de los perros son mi único refugio.

VII

No sé si decirte que te detengas un momento, que pases por mi casa y drogarme en tus labios, decirte que nos lancemos por la ventana sin paracaídas, con los brazos abiertos para sentir el viento golpeando nuestros rostros.

No sé si decirte que vengas a mi cuerpo para que veas como escupo palabras que te acarician y atropellan tus entrañas; atraparte entre mis manos y dibujarte un dragón ardiendo en las llamas del universo, alejarte para siempre, arrebatarte todas las mentiras y ofrecerte mis únicas verdades.

Me gustaría llamarte por tu nombre sin que doliera, tan sólo decirte Alejandra, y borrar tu recuerdo, no sentir que respirar es un infierno o bailar a tu alrededor mientras tu risa escandalosa invade mi cuarto.

Me gustaría decirte que la luna no existe más allá de tus ojos y que tus dedos son crucifijos donde me han puesto seis clavos, poder mirar tu rostro antes de partir, antes de decirte adiós para siempre, y volverme un recuerdo lejano y que te vuelvas un sueño del que estoy despertando. Me voy con mis miedos, abrigado por mis fantasmas, es lo único que me queda, ¿Qué sería de un hombre solitario sin sus miedos ni sus fantasmas?

VIII

Alejandra se mira al espejo y se da cuenta que tiene los ojos tristes, es una tristeza que va venciendo su vida, y por un instante piensa en Duck y se pregunta por qué él dejo que se marchara de su vida, luego se aleja del espejo y piensa que los espejos deberían ser en blanco y negro.

Duck se despierta algo aturdido, separado de sus pensamientos, hambriento y con dolores en su cuerpo, Duck está enfermo y agoniza, su cuerpo se deteriora, pero eso ya no le importa, Duck sólo quiere beber y dormir un poco; camina hasta el espejo y descubre que tiene los ojos tristes.

Alejandra camina por las calles de La Macarena, es una noche fría, va protegida por un abrigo largo, de esos que usan en las películas, mientras va caminando piensa en que tiene sus ojos tristes, así que se dirige hasta donde Ángel porque sabe que él nunca esta triste, pero cuando llega y le dice: ¿Qué hay de nuevo Angelito, nos tomamos un cuarto de ron? Se da cuenta que Ángel tiene la mirada triste, así que piensa que algo ya no funciona.

Duck camina bajo la lluvia, con una chaqueta azul que le ha regalado su madre, se dirige a donde Ángel porque sabe que él siempre está feliz y en realidad a Duck esa noche no le interesa estar triste, pero cuando llega descubre a Alejandra, a Ángel, a dos chicas pelirrojas y a un tipo gordo que mira una foto de Elizabeth Taylor, es la portada de una vieja revista, entonces Duck se da cuenta que todos tiene la mirada triste, del bolsillo de su chaqueta saca un papel amarillo y empieza a leer algo que escribió en la tarde:

Tengo tristezas dibujadas en la piel, pedazos de nada regados por el suelo, reconozco la soledad cuando se me acerca, muero un poco cada día, no duermo y me alimento cuando puedo; tengo mil preguntas pero ninguna respuesta, tengo mil entradas pero ninguna salida.

Tengo cien lugares de donde podría partir pero ninguno a donde llegar, un boleto de autobús, una cicatriz en la pierna izquierda y dos en la derecha, dolores en los dientes, la sonrisa quebrada, un recuerdo lejano, casi vago, de la última mujer que ame; un espejo en blanco y negro, una vieja herida que no para de sangrar.

Tengo mil razones pero ningún motivo, un muñeco frágil y suicida que algunas veces palpita despacio y otras tantas se acelera. Le temo a la oscuridad y me espantan las mañanas grises, esas que invitan a la lluvia para que se metan en tu vida como la tristeza. Cargo conmigo un puñal para protegerme de algún asesino en serie que me quiera degollar, dos cigarrillos, un encendedor sin gas y todas las ganas de fumar.

Tengo precipicios desde donde podría saltar, cientos de muertes que me habitan, muchas cosas que decir pero a nadie con quien conversar, viejas cicatrices de antiguas batallas que no se pueden borrar, mujeres que aún se refugian en mis recuerdos, recuerdos que se escapan de mis refugios, una espera inútil y estéril por cualquier cosa que no sea la soledad.

Luego Duck se desnuda y empieza a bailar en medio del pequeño lugar y todos vuelven a reír. Duck camina para su casa, entra y se recuesta, Duck no vuelve a despertar; Alejandra se mira al espejo y descubre que sus ojos ya no están tristes mientras escucha Someday my prince will come.

IX

Odio los sueños de los adolescentes porque me recuerdan los míos, a las pesadillas de los viejos que son mis propias pesadillas, a los ángeles caídos y sus alas sucias, a las ancianas de mi barrio que van a misa los domingos con sus pulcros vestidos negros, mientras que sus almas andan sucias y desgarradas; odio a los tipos gordos y sudorosos de la Macarena, porque saben, pero no aceptan, que ya no tienen esperanzas y también odio a sus esposas porque jamás han tenido esperanzas, a sus hijas recubiertas por capas de grasa, a sus hijos condenados a la inevitable estupidez de sus padres.

Odio a los perros cuando ladran a la luna y a luna cuando escucha el ladrido de los perros, a las mañanas frías de La Macarena, a La Macarena porque es un barrio que delira entre el ruido y la música mientras finge no estar triste.

Odio los ojos de la gente porque siempre están ocultado una verdad, odio los ojos que pasan y se matan, los ojos de soñar, los de amar, los del delirio, los que asesinan, los que mienten y los ojos que se esconden entre las sombras.

Odio las palabras que hieren, que desgarran, las palabras que acusan, las que se ocultan, las que se desvanecen, las que asesinan como cuchillos, odio las verdades a medias y también odio las mentiras piadosas. Pero sobre todo, me odio por no haber sabido cómo evitar que Alejandra se marchara de mi vida.

X
Estas calles de la Macarena parecen cementerios atiborrados de muertos en vida, los ancianos van arrastrando sus propios pecados, las mujeres pasan de afán mirando de un lado a otro, se ven pálidas, derrotadas y ausentes. En estas calles de la Macarena nada parece cierto, una verdad es un sacrilegio, Dios pasa con los ojos cerrados para no mirarnos, los hombres llevan sus manos dentro de los bolsillos como queriendo esconder sus aberraciones, el extravío de los años parece haber quedado suspendido en estas calles.

En estas calles de la Macarena, llenas de sombras sin dueño, nada reposa tranquilo, nada parece estar en orden. Estas calles perforan mi cabeza, destruyen mi mente. Las palomas muertas en las aceras son carroña para los perros hambrientos, la basura se vuelve un tapete por donde todos descansan; estas calles nos revelan nuestra desnudez y dejan al descubierto nuestro desamparo.

En estas calles por donde pasa despacio Alejandra, todo es polvo y ausencia, pero cuando ella pasa las calles se estremecen ante sus pasos, las ventanas se abren para robarle un poco de su belleza, las fachadas se rinden ante su mirada, cada esquina, cada árbol queda estático ante su figura delgada. Y yo, el viejo Duck, a través de mi ventana la observo sin que ella me descubra, la acaricio con mis manos que tiemblan ante su presencia y siento que el tiempo se detiene en su cuello y cuando ella sonríe los días pierden su pesadez.


XI

Alejandra se rapa la cabeza y mientras se mira al espejo piensa que a lo mejor Duck debe estar haciendo lo mismo. Pero Duck esta tumbado sobre su cama pensando en que a lo mejor Alejandra ya no se siente sola.

Alejandra esta triste, su alma se ha fracturado en pedazos pequeños que van cayendo despacio, Duck la extraña y sabe que ella está pidiendo auxilio. Los dos se quieren y se necesitan más de lo que piensan, cuando están juntos son felices y sonríen, pero cuando se separan de nuevo llega la tristeza.

A Duck le espanta saber que Alejandra esta con un hombre porque le asusta perderla para siempre, y de cierta forma, aunque no lo reconoce, Alejandra siente el mismo miedo al pensar que Duck pueda olvidarla si aparece en su vida otra mujer.

Duck destapa una cerveza y enciende un cigarrillo mientras su mente se enreda con el humo, al igual que el humo, su mente se esparce por la habitación. Alejandra bebe un sorbo pequeño de cerveza y observa como la ceniza de su cigarrillo se va poniendo oscura. Entonces Alejandra llora y se tumba sobre su cama, el dolor de nuevo llega y ella grita el nombre de Duck.

Duck se deja caer en el suelo mientras llora, golpea su cabeza una y otra vez contra el piso de madera y grita el nombre de Alejandra, sus dedos se paralizan cuando el dolor anuncia su presencia, entonces ruega para que el día llegue, mientras abraza sus rodillas esperando a que la noche muera.

Duck se lleva las manos al estomago, algo le quema, el dolor persiste, ataca y aniquila. Alejandra cierra sus ojos, se agarra la cabeza y de nuevo llora; por estos días las cosas no le van muy bien, entonces llama a Duck, pero él no contesta, Duck ahora ha caído inconsciente.

miércoles 21 de enero de 2009

HASTIO

No te detengas ante los tormentos de tus tristezas, no te dejes arrastrar en el fango de las miserias ajenas, emborráchate hasta que tu hígado explote, luego quédate por un instante inmóvil mientras el dolor pasa y vuelve a arrancar que la vida es una ruleta rusa y un día cualquiera te toca la bala que volara tu cabeza.

Odia todo lo que puedas odiar y ama tan sólo cuando sea necesario, pero no permitas que devoren tu corazón, deja a atrás tus remordimientos para que no seas vulnerable ante la estupidez de tu amante, no te mires al espejo si te ha abandonado esa sensación de asco y vértigo que nos invade en las mañanas. Grita, putea, llora, muerde, araña, asesina, destruye, sálvate, canta, arrástrate hasta encontrar la puerta que abrirá tu vida sin esperanza, huye de todo, escóndete de todos, vuelve a salir y disfruta la luz aunque haga más daño que las sombras, vive sin control y al final muere que ya a nadie le importas. Pero no permitas que te devoren el corazón.

domingo 30 de noviembre de 2008

SIN REACCION

Andaba tropezándome contra las paredes, las puertas de las casas y los bancos de los parques, contra cualquier cosa que se me atravesara. Caía rendido en las aceras y luego empezaba de nuevo, era como girar siempre en el mismo punto, sólo que cada vez iba perdiendo más el control. Era un tipo extraviado queriendo estar donde no lo habían invitado.

A veces solía estar todo el día tirado en la sala de mi casa, sin hablar, mirando al techo, sintiéndome terriblemente enfermo, un hombre acorralado que a veces se imaginaba la felicidad y que al final terminaba vomitando sobre el suelo. Eso era todo, no había nada mas, de vez en cuando alguna chica pasaba por mi casa y se quedaba toda la tarde sin hacer nada, tan sólo mirando el techo.

Pasaba el día encerrado, las cortinas siempre tapando cualquier incursión de luz. No tenía ninguna satisfacción, no reaccionaba ante nada, estaba muerto, pero aún respiraba, los días pasaban despacio y dolía abrir los ojos, mirar alrededor, sentir como el mundo empezaba a venírseme encima, caía a pedazos, primero en mis piernas y estas quedaban paralizadas, luego otros pedazos mas caían sobre mi pecho evitando que pudiera respirar con facilidad, un pedazo mas en mis brazos y al final uno muy grande se estrellaba sobre mi cabeza, adiós, se apagaba todo, los recuerdos quedaban regados por el suelo y mis ojos se salían de su órbita, uno terminaba contra una pared y el otro salía expulsado por la ventana, caía a la acera, rodaba calle abajo, pasaba por debajo de los autos, un perro intentaba atraparlo pero lograba esquivarlo, yo veía todo desde ese ojo, veía las piernas de las mujeres, los hombres caminando con rapidez, los niños saltando insoportables de un lado para otro, los edificios desde esa posición se veían mas alto, los techos de las casas eran inalcanzables, todo era angustiante, me sentía atrapado y sin salida, porque no es lo mismo que veas el horror del mundo con dos ojos a verlo con un solo ojo que rueda por la calle.

Así se pasaban mis días, siempre intentando escapar del mundo, intentando eludir una realidad que asfixiaba como una soga alrededor del cuello, entonces encendía la televisión, ella me ayudaba a olvidar, a dejar a un lado todo lo que me rodeaba, era como meterme en una capsula donde no entraban la luz, el ruido, el casero y su enorme mujer, el ladrido hiriente de los perros, el canto torturador de los pájaros, las deudas que cada día iban creciendo, el hambre que me desgarraba, los dolores insoportables de mi estomago que se quemaba entre un fuego espantoso y el vacio de saberme solo en el mundo. En realidad la televisión lograba que esquivara la realidad y eso me hacía sentir mejor, el dolor no desaparecía pero si quedaba tranquilo durante las horas en que me dejaba absorber por ella, cuando me cansaba de la televisión y tenía dinero iba a cine, entonces sucedía lo mismo como con la televisión, me desconectaba del mundo, era igual que con la televisión, sólo era una cuestión de pantalla, la del cine era más grande y el efecto mucho mas abrazador, algo así como meterse un frasco de benzodiacepinas y no quedar dormido pero si sintiendo que no tienes cuerpo ni cerebro. Pero el cine era costoso y yo casi nunca tenía dinero así que así que tenía que volver de nuevo a la televisión.

Me sentía como un balón, rodando de un lado para otro, rebotando contra los muros y sintiendo como me pateaban, era una extraña sensación y odiaba sentirme así, nadie puede decir que muchas veces no intente dejar de sentir que era un balón, pero falle en el intento. Algunos días me quedaba atrapado en ese sentirme un balón, así que empezaba a rebotar contra las paredes y el techo de mi habitación, luego me sentaba a escribir y de nuevo fallaba, no lograba escribir algo que valiera la pena y una voz chillona se escuchaba desde mi cerebro repitiéndome:

-Oye “Dientes podridos” ¿por qué no te buscas un empleo? No eres un buen escritor, no eres ni siquiera un mal escritor, no eres escritor, búscate un empleo con seguridad social, pensión y un salario decente. Eres un inútil, un fracaso, ¿qué diría tu padre si te viera?

Entonces recordaba a mi padre diciéndome, mientras me señalaba con su dedo sarmentoso:

-Deja esos sueños imbéciles, no sirves para ser escritor, no escribes nada que valga la pena, búscate un jodido empleo, una mujer, ten hijos con ella y consíguete una amante, envejece con dignidad, ya es hora que dejes de ser un vago.

Me agarraba de la cabeza intentando borrar las voces que predecían mi fracaso, mi madre maldiciéndome, mi padre escupiendo en mi rostro, mis maestros de escuela rompiendo mis escritos después de leerlos en voz alta ridiculizándome ante todos, las chicas que huían de mi llamándome “El apestoso” mis compañeros evitándome. Tenía diez años y siempre andaba solo, en el descanso, en mi casa, en el parque, en la calle, nadie se me acercaba, era el chico extraño, el de los dientes podridos, y la mirada perdida, el que no se bañaba y andando siempre con la misma camisa, los mismos zapatos y el mismo pantalón; así era yo a los diez años, sintiéndome como un balón, rodando de un lado para otro, rebotando contra los muros y sintiendo como me pateaban, era una extraña sensación y odiaba sentirme así.

Me tomaba de la cabeza intentando no recordar mi pasado, la golpeaba contra la mesa donde solía sentarme a escribir, contra el suelo y las paredes hasta que empezaba a salir un fino hilo de sangre luego me desmayaba durante unos minutos. Me despertaba de nuevo y le pedía a Dios que todo pasara ya, que al menos una revista me publicara alguno de mis escritos, tal vez así las voces desaparecerían, pero Dios también estaba convencido que yo no era un escritor y me decía con su voz fuerte:

-Deja esos sueños imbéciles, no sirves para ser escritor, no escribes nada que valga la pena, búscate un jodido empleo, una mujer, ten hijos con ella y consíguete una amante, envejece con dignidad, o de lo contrario serás un vago.

Por eso cuando todo termine, cuando mi vida se extinga y ya no sea ni siquiera un recuerdo a nadie le va a importar mi ausencia, nadie va a notar que ya no estoy, “Dientes podridos” no le va a doler a nadie.

lunes 30 de junio de 2008

LOS MIEDOS



En un día como hoy mientras sueñas con llegar lejos el techo de tu casa va a venirse abajo, en realidad, por estos días nada es seguro, tu casa es humo, tus planes a futuro son una ilusión, tu felicidad adquirida en los centros comerciales es etérea y puede que el banco aparezca en cualquier momento para llevarse tu vida.

En un día como hoy la chica que amas se meterá en la cama con dos tipos que a la mejor van a desgarrarle el alma, mientras tanto tú pensaras que ella es un sol, pero en un día como hoy sabrás que para tu solecito no eres más que una mierda hundida en el fracaso, así que vas a desear morir y sentirás que lo estas haciendo, pero te tengo una mala noticia, lo siento, no quiero dañar tu fiesta: de amor no se muere nadie.

En un día como hoy la vida puede estar haciendo estragos en tu mente, veras cosas que no existen, escucharas voces en tu cabeza y no sabrás de dónde vienen, perderás la ruta, beberás cerveza y te meterás unas cuantas pepas, no puedes evitarlo, el destino es una fachada que hemos inventado para huir de la realidad.

En un día como hoy te acorralaran los miedos, buscaras en el horóscopo respuestas a verdades rotas una ilusión pequeña que te salve del caos en que has caído, buscaras en tus bolsillos lo que ya no tienes y descubrirás que no puedes comprar amor y que por un beso no vale la pena jugarse la vida.

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Te la pasas el día entero viendo la televisión y tu cerebro esta estático, congelado, muerto; tus neuronas no se reaniman, están moribundas y tu mente queda inactiva.

Te cansaste de observar como caen las piezas y hoy sólo necesitas verlas desaparecer –pero desde cierta distancia-, los bombardeos ya no te derrumban, tantos muertos en el noticiero no te asfixian, existe una calmada desesperación, tienes las manos atadas y la boca amordazada ya no puedes gritar que el universo es hostil.

Dios, tú fuiste el testigo, los ojos, el testimonio incondicional de un mundo sumido en la angustia, atrapado sin salida en la desesperación. Tú lo viste y ahora lloras porque nada se puede hacer, pero no tienes la culpa, fuiste demasiado ingenuo, no sabías nada sobre el descontrol, el poder, la arrogancia, el terror, le envidia, el odio, la destrucción, el hambre y los cuerpos mutilados; creíste que podías crear el paraíso en este mundo, te equivocaste, de la mierda no nacen flores. Ahora te preguntas en qué fallaste, dónde estuvo el error, pero tú no tienes la culpa, la culpa es de nosotros tus propios hijos, de los jerarcas de tú iglesia: putos, pederastas, paranoicos, farsantes, facinerosos, fetiches, fanfarrones, sicópatas, sicarios de la fe, sanguijuelas, sucios gusanos, mienten en tu nombre, violan a nuestros niños, nos han robado la fe en ti, y la verdad es que te han creado a su imagen y semejanza, nos hicieron tenerte miedo, el oscurantismo, el espanto, el odio, la venganza, la masacre son su juego predilecto, pero tú no entras en ese juego, eres inocente, nadie puede condenarte.

No busques respuestas a preguntas que no las tienen, el mundo gira como un carrusel y tú estas fuera de él, es preferible que no envíes de nuevo a tú hijo, le puede ir peor, podría pisar una mina, morir en una emboscada, caer en medio de un bombardeo o ser manoseado por uno de esos tipos a los que les gusta el poder, entonces no podría ya redimir al hombre del horror de ser hombre.


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Te despiertas y descubres que ya no hay vuelta a tras, tu chica te ha abandonado por la chica de ojos grises que conoció en uno de esos bares llenos de chicos sin horizonte y chicas tristes, pero sabes que debe haber cosas peores que perder a una chica de tetas blancas; ahora has extraviado el ritmo y en realidad no tienes muy claro si aún es de noche, la noche se enciende y se apaga sin contar contigo. Así que pones los dedos sobre los interruptores e intentas controlar el tiempo. También imaginas que viene algo mejor y te quedas a esperar dentro de la cama.

Estas sudando y respirando y fijándote y pensando y hundiéndote en una oscuridad de la que ya no puedes salir. Parece como si estuvieras durmiendo en un sueño dentro de un sueño. Sientes que eres el fracaso y la derrota y estas intentando pensar por qué tú chica te abandono y por qué ese tipo que saludabas en las mañanas violo a su hija de dos años. Las oportunidades siempre fueron un problema para ti. Lo que necesitas es alguien fuerte que te guíe. Sordo, ciego, mudo y nacido para repetir, lo que necesitas es alguien fuerte que te utilice. En los templos te dicen: “Si quieres que tu alma vaya al cielo, confía en mí. No juzgues o cuestiones. Estás roto ahora, pero la fe puede curarte. Solamente haz lo que te digo. Deja que ponga mi sagrada mano sobre ti. Dios se transformará en mí. Cuando él habla en voz alta, habla a través de mí. Él tiene necesidades como yo. Los dos queremos violarte. ¿Jesucristo, por qué no vienes a salvar mi vida?” Abre tus ojos y no te ciegues con su luz y sus mentiras. No permitas que te pase de nuevo, que la caída no duela tanto como estar vivo.
Has dejado de escuchar pasos dentro de tu cabeza. Cuando bajas a desayunar tu madre te pregunta que tal pasaste la noche y descubres que ella se metió en tus sueños, era la chica de cabello rojo, con ojos marrón y pecas en la nariz que te decía mientras bebían vodka barato, tirados en la acera que te le habías metido en sus sueños, había soñado que eras su hijo, tu habías jodido su vida y por eso iba a romper tus esperanzas. Así que miraste a tu madre, con su cuerpo descompuesto y su vida hecha una mierda, pensaste en abrazarla y pedirle perdón, pero tú eres un chico rudo y los chicos rudos no suelen pedir perdón a esas chicas frágiles.

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Ayer a las seis de la mañana me he asomado a la ventana para verte pasar, fumabas un cigarrillo y vestías de negro como si le estuvieras guardando luto a tus tristezas, tu cabello rojo iba aprisionado y dejaba ver tu rostro, te puedo jurar que conté unas ocho pecas en tu cara, me lanzaste, o al menos eso creo, una mirada como dardo envenenado y has hecho feliz a esta tristeza tan triste que ahora cargo encima.

Hoy a las seis de la mañana me he asomado de nuevo a la ventana y te vi pasar, ibas vestida de rojo como si le estuvieras haciendo una fiesta a tus alegrías, esta vez no miraste, entonces volví a hacer el mismo, esa clase de tipos que a lo mejor debes odiar, esos a los que el mundo hiere por todos los costados, que sangran desde la herida más pequeña, borrachos sin destino, consumidos por una vejez temprana, que ya no sueñan porque tienen las esperanzas rotas; estoy seguro, y haces bien, en evitar a un tipo como yo, he perdido mi camino, el amor me espanta y me espanta la ciudad, sus calles, sus casas, sus luces de neón, sus avisos luminosos, sus bares llenos de humo, cansancio, chicas tristes y chicos sin ilusiones, sus putas abatidas por el cansancio, sus ladrones empedernidos, sus niños degollados, sus mujeres despreciadas, su vida sin vida. Lo cierto es que sólo quería que supieras que daría una mano por no haberte dejado ir sin decirte que me gustaría que te hicieras invitar a mi vida, que te sentaras al borde del horror de mi presente para curarlo. Pero ya sabes cómo son las cosas. Este mundo empuja por todos los lados, y a veces no queda mucho sitio para dos. Lo tengo todo controlado, pero no estoy teniendo mucha suerte. A lo mejor yo soy un hombre de verdad, sin toda la suerte que se merece.


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Ha empezado a llover y todo afuera es un desastre, como me gustaría que estuvieras acá. Escucharíamos algunas canciones de Joy Division y correríamos desnudos por la casa, saltando, riéndonos de nuestros cuerpos, te burlarías de mis piernas flacas y yo de tus rodillas. Me gustaría que estuvieras acá.

Hace tanto frió que mis manos se han congelado, mi nevera y mi vida están vacías, ya no tengo cigarrillos y hace un par de horas me bebí la última cerveza. Tengo los pies húmedos y mi cabeza ha empezado a dar vueltas, el televisor ya no enciende y la música me desbarata. Me gustaría que estuvieras acá.

Llámame por un instante, o al menos cuando te quede algo de tiempo, mi teléfono no esta ocupado y he aprendido a contestar sonriendo, he cambiado de cortinas, compre un auto viejo, a veces no funciona y casi siempre me deja tirado en medio de la carretera, pero es un buen auto, no puede decirse que no lo sea, la otra noche mientras llovía tu me dejaste tirado en medio de la calle y nadie puede decir que seas mala. Me gustaría que estuvieras acá.

Ahora algo no anda muy bien en mi cabeza, pero he aprendido a llevar la cosa y ya no la golpeo contra las paredes, pero a veces me olvido que estoy solo y todo vuelve a complicarse. Me gustaría que estuvieras acá.

Ha dejado de llover, un olor sale de algún lado y creo que es de mi cuerpo, es él el que te llama, no soy yo el que te busca, es él el que te extraña, no soy yo el que te imagina. Me gustaría que estuvieras acá.

He escuchado en la radio que las cosas ya no van muy bien, y por primera vez no me he preocupado, ahora solo quiero volarme la cabeza para despertar un poco mejor en la mañana y no volver a pensar en que estas lejos y que la muerte te quiere arrastrar. Me gustaría que estuvieras acá.

El camino de la noche no es el mejor y no es buena idea andar desamparado, lo habitan sombras que te pueden atrapar en su juego de maldad, existen mil caminos en los que podrías morir, pero no escojas el de la noche, ya lo sabes, no es el mejor. Me gustaría que estuvieras acá.

No tengo seguro de vida y nada en los bolsillos; solo tengo una camisa sucia, un plato roto, una ruleta que gira sin control, unos zapatos viejos que han perdido su forma, un cenicero con veinte colillas, una pequeña tristeza, unas muletas para escribir, una cama para caminar y un papel en blanco para hacer el amor. No pido nada, solo que me dejen ser feliz, no creo que sea mucho, aunque a veces parezca demasiado. Como me gustaría que estuvieras acá.


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No pienses que estoy loco, creo que veo el mundo como tú no lo quieres mirar, cierras los ojos ante las minas mutilando, te tapas los oídos cuando las bombas estallan y te haces el ciego cuando los cilindros explotan. Pero no estoy loco es que veo la vida como tu no la quieres mirar.

Andas pregonando una doctrina extraña, una de esas mierdas tan dañinas como la televisión, te compraste una muñeca de látex para poder amar, le has puesto un nombre, le compras vestidos costosos, lencería de encaje, un lápiz labial rojo, collares y anillos con diamantes, le susurras al oído tus porquerías, metes tus sucias manos donde no hay calor y a veces te disfrazas como ella.

No pienses que estoy loco, creo que miro la vida como tú no la quieres mirar, me emborracho y a veces suelo cantar, no es que sea feliz, también tengo miedo, también estoy acorralado, también estoy derrotado, también se odiar, pero veo la vida como tú no la quieres mirar.

Pregonas tus ideas atiborradas de porquerías mentirosas, señalas con tu dedo culpable, juzgas con tu doble moral, atacas con tu crueldad lujuriosa y la disfrazas de santidad. Caminas sintiéndote un Dios y no eres más que un enfermo queriendo escupir tu sucia enfermedad, deseas meter en tu cama a las mujeres de tus devotos, violar a sus pequeñas hijas, romperles el culo y te masturbas pensando en ellas mientras pregonas tus falsas palabras de amor.

Vas luciendo tus vestido costosos, tus anillos en oro y tu pobre verdad, amas el dinero más que a tu ser supremo, mientes porque la mentira es tu única existencia, arrastras contigo la miseria de estar vivo, no eres más que el pobre reflejo de la oscuridad.

No pienses que estoy loco es que suelo ver la vida como tu no la quieres mirar.


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Estas a punto de reventar y sabes que nada se puede hacer, miras lo que te rodea y las cosas no funcionan, por más que lo pienses nada tiene solución. No es que te hayas dado por vencida, eres una chica dulce, pero la vida siempre pega bajo; creíste encontrar un príncipe azul y ahora mírate huyendo de un monstruo que te golpeaba.

Tu madre te pidió que no salieras con tipos así: “Afuera existen hombres que quieren hacerte daño”, te dijo, pero no la escuchaste, pensaste que todo iba bien y que tu madre te mentía, pero te diste cuenta que tenía razón, afuera quebraron tu cuerpo.

Tu solo querías un hombre dulce, pero este mundo esta lleno de fieras salvajes dispuestas a devorar a cualquiera que se asome a la puerta, los ves todos los días en la televisión, los ves en tu calle, los ves por todos lados. Este no es el paraíso y tú eres una chica dulce.

Ahora te escondes y no te miras al espejo, ahora tu mirada se pierde en una pared blanca, yo también estuve atrapado en una de ellas, tu mente gira de un lado para otro, no tiene brújula, tus manos están atadas y tu cuerpo fracturado. Esto no esta nada bien, te creíste las historias que contaban en la televisión y compraste los sueños que te ofrecieron, se derrumbó tu casa de muñecas y ahora vives en la mansión del horror; te la pasas buscando algo que ya no tienes e intentas adivinar si lo que queda afuera es lo que has extraviado, pero no te atreves a salir porque solo veras putas solitarias, borrachos destrozados, niños devastados, mujeres desamparadas, autos destruyéndose, perros ladrando, calles sucias, humo, ladrones, psicópatas, asesinos atiborrados de sangre, mierda, miseria, asco y hastío. Así que es mejor que te quedes en casa, enciende la televisión y piensa que la vida es color de rosa aunque sepas que en realidad cada día trae la misma batalla, el mismo vacío, el mismo deseo de olvidar y de no olvidar.

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Tengo tristezas dibujadas en la piel, pedazos de nada regados por el suelo, reconozco la soledad cuando se me acerca, muero un poco cada día, no duermo y me alimento cuando puedo; tengo mil preguntas pero ninguna respuesta, tengo mil entradas pero ninguna salida.
Tengo cien lugares de donde podría partir pero ninguno a donde llegar, un boleto de autobús, una cicatriz en la pierna izquierda, dolores en los dientes, la sonrisa quebrada, un recuerdo lejano, casi vago, de la ultima mujer que ame; un espejo en blanco y negro, una vieja herida que no para de sangrar.

Tengo mil razones pero ningún motivo, un muñeco frágil y suicida que algunas veces palpita despacio y otras tantas se acelera. Le temo a la oscuridad y me espantan las mañanas grises, esas que invitan a la lluvia para que se metan en tu vida como la tristeza. Cargo conmigo un puñal para protegerme de algún asesino en serie que me quiera degollar, dos cigarrillos, un encendedor sin gas y todas las ganas de fumar.Tengo precipicios desde donde podría saltar, cientos de muertes que me habitan, muchas cosas que decir pero a nadie con quien conversar, viejas cicatrices de antiguas batallas que no se pueden borrar, mujeres que aún se refugian en mis recuerdos, recuerdos que se escapan de mis refugios, una espera inútil y estéril por cualquier cosa que no sea la soledad.

















lunes 11 de febrero de 2008

EL LUGAR DONDE DESCANSA MI SOMBRA (Diario de un vagabundo)




I

Cuando tenía 15 años soñaba con ser un asaltante de bancos, cargar un revólver Alfa Steel 22 WMR, apuntar a la cabeza del cajero y exigir que abriera la bóveda; escapar en un mustang del 66, donde esperaba nerviosa mi chica, conducir sin rumbo fijo por las avenidas polvorientas de nuestros destinos y no detenernos jamás.

Cuando tenía 16 años soñaba con ser un asesino en serie, llevar escondido dentro de mi abrigo un rifle Sniper Francotirador y disparar desde las azoteas, ya no tener miedo, ni esconderme del horror del amor y sus continuas ausencias.

Cuando tenía 17 años soñaba con tener una chica bonita que me amara, no pedía mucho, sólo una chica bonita que me amara, poder tirarme desde la ventana para buscar sus ojos en la oscuridad, tener un mapa de carretera que me llevara a ningún lugar, caminar borracho por las calles sucias hasta llegar a mi casa y detenerme ante la presencia espantosa de mis desolaciones.

Ahora ya no sueño con nada, solo quiero conocer el lugar donde descansa mi sombra cuando se agota de la vida, si camina por los callejones rotos del corazón entre nubes de neón y putas fracturadas, si tiene los mismos miedos que me persiguen -a cualquier lugar donde volteo a mirar- si de vez en cuando estrella su cabeza contra el suelo como lo hago yo. Pero bien, si estoy acá es para escupir, para sentir que el amor es el más cruel de los sanguinarios.
II

He tenido mala fortuna en el amor, siempre he perdido esa batalla, ahora prefiero jugar a la ruleta y apostar todo lo que tengo, perderme entre callejones, disparar bombas de agua desde las azoteas, beber cerveza e imaginarme la felicidad, correr por entre los tejados, saltar desde los balcones para sentir la muerte rozando mi rostro, ver la televisión, escupir en las iglesias y pensar que todo esta bien aunque en realidad ya nada funcione.

Otras veces prefiero quedarme tumbado sobre la cama y contar uno a uno los segundos que transcurren, detenerme por un instante en los laberintos de mi mente, escuchar los ruidos de la calle, en las noches mirar por la ventana los faroles que alumbran la soledad de tipos rudos; recordar algunas borracheras gloriosas, espiar a través del ojo de la cerradura las sombras que deambulan sigilosas, cantar en voz baja a altas horas de la noche y sentir que aquellos que duermen escuchan mis susurros.

Algunas veces suelo imaginar que una mujer me ama, se detiene en mi cama perdiéndose en los pliegues de mis sabanas mientras canta moviendo sus brazos, enredando sus manos en una cabeza imaginaria:

Quisiera conocer el lugar donde descansa tu sombra cuando se cansa de mí y si al igual que tú esta desolada, si en las tardes también se pone triste, cómo es su mirada cuando esta enamorada y si alguna vez cayo en las artimañas del amor.
III

Sigo en la misma parte donde empecé y la verdad no me hace mucha gracia, no he encontrado el lugar donde descansa mi sombra, me he bebido una cerveza y he perdido el camino de vuelta a casa, he visto una iguana saltar sobre la cabeza de una mujer mientras la mujer gritaba corriendo de un lado para otro, puede parecer gracioso, pero la iguana estaba mucho mas asustada y no sabía para dónde correr; ha empezado a llover, cientos de gotas caen sobre mi cabeza, no tengo abrigo ni un lugar donde refugiarme, tengo hambre y los zapatos rotos; una puta se acerca y me pregunta si tengo frío, le respondo que si, entonces toma mi mano y me lleva hasta su cuarto, me voy quedando dormido entre sus brazos mientras lloro por lo que nunca fui, por lo que jamás seré.

Bebimos cerveza mirando la televisión, pasaban un programa sobre iguanas pero no prestamos atención, tampoco hicimos el amor, ella no era una mujer fácil y yo tenía el cuerpo cansado y el alma rota.

Mientras destapaba otro par de cervezas bailaba siguiendo el ritmo de una música que solo ella escuchaba en su cabeza, luego me invito a bailar mientras me decía:

-Se de un lugar donde nada ni nadie, ni el mismo amor, pueden hacerte daño, donde tus sueños van pasando despacio sin lastimarte, donde puedes volar zumbando como un insecto, y tirarte sobre el pasto para no sentir el dolor de los atardeceres. Se de un lugar donde no existe el cansancio, la soledad ni el canto de los pájaros.

-Se de un lugar donde no hace frío y la vida ya no es angustia y tristeza, sólo tienes que comprar el boleto y subirte en el tren que te llevara a ese lugar, allí ya no encontraras las luces de neón que ciegan tus ojos, ni bares llenos de humo y desolación.

-Pero ahora estoy cansada y la carretera es larga, ya no puedo caminar más, llévame por la autopista a toda velocidad en tu mustang del 66. Tenía un chico que soñaba con ser asaltante de bancos, cargar con un revólver Alfa Steel 22 WMR, apuntar a la cabeza del cajero y exigir que abriera la bóveda; escapar en un mustang del 66, donde yo lo esperaba nerviosa, correr sin rumbo fijo por las avenidas polvorientas de nuestros destinos y no detenernos jamás.
IV

Tengo tristezas dibujadas en la piel, pedazos de nada regados por el suelo, reconozco la soledad cuando se me acerca, muero un poco cada día, no duermo y me alimento cuando puedo; tengo mil preguntas pero ninguna respuesta, tengo mil entradas pero ninguna salida.

Tengo cien lugares de donde podría partir pero ninguno a donde llegar, un boleto de autobús, una cicatriz en la pierna izquierda, dolores en los dientes, la sonrisa quebrada, un recuerdo lejano, casi vago, de la ultima mujer que ame; un espejo en blanco y negro, una vieja herida que no para de sangrar.

Tengo mil razones pero ningún motivo, un muñeco frágil y suicida que algunas veces palpita despacio y otras tantas se acelera. Le temo a la oscuridad y me espantan las mañanas grises, esas que invitan a la lluvia para que se metan en tu vida como la tristeza. Cargo conmigo un puñal para protegerme de algún asesino en serie que me quiera degollar, dos cigarrillos, un encendedor sin gas y todas las ganas de fumar.

Tengo precipicios desde donde podría saltar, cientos de muertes que me habitan, muchas cosas que decir pero a nadie con quien conversar, viejas cicatrices de antiguas batallas que no se pueden borrar, mujeres que aún se refugian en mis recuerdos, recuerdos que se escapan de mis refugios, una espera inútil y estéril por cualquier cosa que no sea la soledad.
V

Pesa el atardecer, cae sobre mi espalda y muero un poco, luego llega la noche, con ella llega el espanto, me refugio en la agonía de mi memoria para escampar en el sarcasmo de la soledad, entonces me pierdo entre el ruido y la espesura de la oscuridad.

Así pasan las horas, como navajas ardientes atravesando la carne, igual que un perro abandonado bajo la lluvia intento buscar calor entre mis brazos y piernas, cierro los ojos e intento dormir. Es una noche fría y solitaria, me rindo ante lo inevitable: la derrota; ya no hay nada que hacer, la noche ha empezado de nuevo, vuelve el horror. Un farol se enciende y apaga, un viejo vago se acuesta a mi lado y me ofrece un cigarrillo, unas cuantas putas se frotan las manos queriendo encontrar calor, todo es igual que siempre, como si en estas noches frías el tiempo se detuviera. Quisiera encontrar el lugar donde descansa mi sombra.

La mañana ha llegado y con ella llega de nuevo la angustia, puede que en cualquier momento aparezca el feroz desencanto del amor para devastar lo que queda, el amor siempre golpea bajo, arrasando con todo, dejando ruina y muerte.
VI


Odio mirarme en el espejo, pero inevitablemente, por algún instinto salvaje, todas las mañanas lo hago. Siempre encuentro lo mismo, depresión, cansancio, hastío, temor, desesperación, insatisfacción, desilusión y derrota.

Estoy metido en una selva espesa, intentando sobrevivir, luego de mucho tiempo he logrado acostumbrarme a una vida que no es la mía, entonces estoy horrorizado con lo que he tenido que hacer para comer y dormir en cualquier pocilga.

He vivido en el límite, arañando la escoria de mis propios fracasos, perdido en un mundo con el cual no me siento cómodo, durmiendo en hoteles de mala muerte, peleando a la contra, la mayor parte del tiempo estoy borracho, cargando con mis propias miserias. Igual que un perro callejero, he sobrevivido con lo poco que me tiran, comida, amor, golpes en las costillas y el culo.

Nunca aprendí a hacer nada más que escribir, sin embargo, he trabajo en todo lo que se me pasa por delante, desde limpiador de pisos hasta vendedor de libros, pero al final, sin importar el tipo de trabajo, todo termina igual, ganando una miseria para sobrevivir, soportando jefes tarados, compañeros inútiles y sintiéndome oprimido en mis propias derrotas.

He gastado gran parte de mi vida en cosas tan inservibles como el amor y he terminado por olvidar lo que en realidad es importante: beber hasta reventar, escribir, jugar solitario y morir.
VII


Somos como estiércol servidos sobre la mesa, somos la distancia pero no el futuro, somos enanos en tierra de gigantes. Somos sombras sin dueño, somos esclavos de nuestros sueños. Somos la pobreza, jamás la riqueza, somos tan solo una mierda.

Somos la mejilla, jamás la bofetada, somos la fealdad no la belleza, somos el instrumento de nuestros propios miedos, somos la victima no el asesino, somos el fango jamás la tierra.

Somos la derrota, nunca la victoria, somos la ignorancia pero no el conocimiento, somos el esqueleto pero no la esencia, estamos en esta tierra que es miseria.

Somos la duda, no tenemos la certeza, somos la cerradura ya sin puerta.
VIII

Voy caminando con las manos dentro de mis bolsillos sin mirar atrás, la verdad es que atrás no hay mucho que mirar, mi padre golpeando y puteando todo el tiempo, mi madre señalándome con su dedo sarmentoso mientras me repetía: “Nunca llegaras lejos, jamás serás nadie, no espero nada de ti”. Respiro profundo y siento el olor de una alcantarilla, ese olor me recuerda a la mujer que alguna vez me dijo: “Necesito tanto de ti, que siento que te huelo en el aire”, después de eso se fue con un tipo montada en su motocicleta.

A veces quiero descansar, pero sólo tengo dos elecciones: vivir esquivando autos en las autopistas para llegar al final de una meta estrellándome contra los semáforos en rojo, o quedarme en un solo lugar, cerrar los ojos, y esperar a que algo pase sin buscarlo, sin que me atropelle. Prefiero lo segundo, evitar es mejor que llegar al final para encontrarte con un nuevo dolor.
IX

La vida furiosa sigue lanzando fuego al borde de los abismos donde ya no van a descansar las putas de mi calle, ni habitan las sombras, los ladrones, los proxenetas, los violadores, los derrotados, los perros, las ratas, los gatos y los borrachos; donde el silencio se hace insoportable y la luz es un castigo. Donde mueren los días con sus sigilosas mentiras y su verdad asesina.

Somos carne de cañón. En esta calle la felicidad apesta, el amor es una charada que vende su alma al mejor postor. Nada queda, un viejo farol, basura regada por el suelo, botellas vacías, un retrete, la mujer que violo el viejo retardado mental que vivía al frente de mi casa, un puñal ensangrentado, algunas gotas de cerveza, frío y soledad.

Algunas veces se asoma una mujer obesa con dos paquetes en su mano, su enorme boca devora una masa amarillenta, odio a esa mujer, odio sus carnes caídas, el brillo falso de sus ojos, las varices de sus piernas, los bellos largos que brotan de su nariz, sus dientes sarrazos, su cuerpo recubierto de grasa, pelos y sudor.

Odio la mujer rubia que mueve sus caderas caminando despacio, dejando ver sus piernas y sus tetas, la odio porque no me hace el amor y le entrega sus caricias al viejo retardado mental que alguna vez la violo: porque el amor es un escorpión que envenena tu sangre y pudre tu piel.
X


La vida son pequeñas derrotas, entre más derrotas acumules, más rápido serás un fracasado, entre más rápido te apresures por llegar a una meta, más pronto terminaras destruido.

El mundo esta hecho para gente real, que trabaja ocho horas, duerme ocho, el resto del tiempo se la pasa viendo televisión, espera algún día poder tener una fortuna, envejecer y morir tranquilamente.

Sus más grandes esperanzas están reducidas a nada, al temor de sentir la indignidad de ser sorprendidos por la muerte en el baño oliendo sus propias miserias, escuchando sus propios fantasmas, espantando sus propios miedos y perdiéndose en sus memorias enfermas y deterioradas.

La vida es un lugar solitario y no hay nada tan patético como una multitud de espectadores inmóviles presenciando, con indiferencia o entusiasmo, la agonía de un vagabundo tirado en la calle, sangrando, desesperado entre dolores y vómitos, un ángel inocente que no entiende la razón de su dolor.
XI
Yo bebo para olvidar que a veces sueño, otras veces bebo por espanto, por hastío, o porque me siento como los atardeceres de lluvia, vacío, frío, solitario; entonces llega esa tristeza que duele y deja pequeñas heridas trayendo sus propias derrotas. Te puedes emborrachar y todo toma otro color, otro olor, otra felicidad, ¡Emborracharse para ver un jabalí! Así te das cuenta que la soledad y los fantasmas son viejos conocidos de toda la vida.


















viernes 28 de diciembre de 2007

Pesadilla

Pesan tus noches como pesan tus madrugadas, te acobardas ante la oscuridad y te escondes cuando hay luz, ¿De qué te estas ocultando? Mil respuestas no te sacan de una duda, mil dudas no te dan una respuesta.

No ves mas allá de donde quieres ver y en realidad piensas que no tienes porque preocuparte, ¿Qué puedes encontrar a lo lejos? Eres tan fuerte como un gusano y tan frágil como un sueño.

Son tus miedos los que te acorralan, son tus fantasmas los que te asustan, son tus palabras las que te envenenan, son tus esperanzas las que te estancan, crees haber vivido suficiente pero el mundo es hostil y escupe en tu cara, no eres más que fango y miseria .

Vas arrastrando una cruz y no te has dado cuenta, le tienes miedo a la verdad y prefieres el engaño, piensas que es mejor vivir entre mentiras que enfrentar lo que se te viene encima y para ser honesto prefieres vivir en la ignorancia a tener una certeza.

Le temes a la muerte y no te das cuenta que la vida es mas peligrosa; doblas tu cuerpo hacia dentro y lloras sobre tus mismos huesos; eres un perro ladrando a la luna pero la luna no te escucha. Eres una sombra sin dueño, una verdad creada con pequeñas mentiras; eres el espectro de lo que nunca has sido, te engañas creyendo que puedes llegar lejos pero tu camino se ha terminado y ahora sólo quedan espinas sin rosas.








domingo 23 de diciembre de 2007

Desolación

Hay dolores que no se borran, existen recuerdos que se quedan marcados en la piel. Eres una piedra estancada en medio del mundo, estallan volcanes y explotan tus pulmones. Una ráfaga llega de algún lugar y sangras, mueres en medio de la nada, estas solo, la soledad es una fachada del destino, el amor no es bello, es dolor, sangre y muerte, el amor es una patada en tu costado que deja tus costillas hechas pedazos.

Llueve y hace frío, tus manos se retuercen por los calambres, no tienes refugio, el sol se ha ocultado, la sombra sigilosa y cruel cubre tu rostro. ¿Dime dónde quedaron tus juegos de niño?

Pasas horas mirando la televisión y ya no te preguntas nada, el amor se ha marchado dejándote acorralado en medio de nadas que flotan en tu cabeza.

Tienes tus sueños rotos y escupitajos debajo de la cama, un cuarto atiborrado de soledades, seis latas vacías, una cárcel que te ataja, un pedazo de pan viejo sobre un plato roto y sucio como tu vida.

Tienes los pies húmedos y la cabeza a punto de estallar, el cuerpo despedazado, un mapa sin rumbo, sin carreteras ni salidas, un dolor que ya no te deja dormir, te preguntas entonces si valió la pena jugarte la vida por un beso.

Te salpican los recuerdos dejando migajas tiradas por el suelo, te dejas caer retorciéndote; tu estas perdido en el vacío de la ausencia, dejas pasar hora tras hora, nada hay afuera que te dañe pero sientes miedo de salir, sientes tu piel sangrando y un temor te atrapa, ya no eres libre, te acusas por lo que no has hecho y para ser sinceros buscas en lo inútil respuestas a tus preguntas.

Disparos de Dios


Estoy convencido que de vez en cuando Dios se levanta inspirado y carga su revólver con balas que hieren pero no matan. Se sienta en la nube más cómoda y dispara hacia la tierra, un primer disparo certero, y el blanco no se da cuenta que está herido, un nuevo disparo una bala cae en nuestras esperanzas, otro disparo y rompe nuestros sueños, balas y balas que no matan pero hieren, de un Dios inspirado que descarga su revólver una y otra vez abriendo heridas para salvarnos de tener esperanzas.

-En la tierra los seres humanos seguirán caminando sin saber que han sido heridos y no lo sabrán jamás, ellos sólo irán por ahí hasta que un día la herida les hará tomar una recortada entre sus manos llevarla a sus bocas y... un fogonazo nada más, tan sólo un fogonazo.

Sí es verdad, ahora andamos solos y eso parece molesto, pero todos saben que es mejor, no confían en nadie, guardan los puñales y los revólveres bajo sus almohadas, cierran bien las ventanas y las puertas, sabes que Dios dispara balas que no matan pero hieren, la mentirosa tranquilidad de sus mundos se les vuelve dolorosa porque vivir no es más que un arpón atravesando la débil piel que cubre al amor.











Amo

Amo a una chica que se la pasa el día entero viendo la televisión, bebe cerveza, se inyecta heroína y piensa que hay una sombra justo detrás de ella, amortajando cada aliento que toma, vaciando todas sus promesas, señalándola con todos sus dedos, acribillando sus esperanzas; mi chica no esta mal de la cabeza, es que ella es una chica triste, lo juro. Tenía algo que marchaba. Ahora, ni siquiera puede pensar como antes.

Amo una chica que ha perdido el rumbo, algunas veces lanzaba su cuerpo contra los semáforos en rojo, pero sólo al principio, cuando pensaba que el amor era cuestión de vida o muerte, ahora suele decirme: Ten cuidado con las ruedas de la fortuna, porque la vida ha perdido su ruta y en esta época es mejor saber dónde pisar. No te embriagues de noche, porque la ciudad puede dejarte herido, y sobre todo desconfía de los que pasan junto a ti, porque podrían llevar una granada y volarte un brazo.

Amo una chica a quien las cosas ya no le van muy bien, puede que la muerte aparezca uno de estos días para llevarse su vida, la muerte elige con cuidado el momento para pegar, y siempre pega bajo, en el fondo sólo somos un montón de hombres y mujeres metidos en una burbuja. Mi chica tenía algo que andaba en dos direcciones y todo el combustible necesario. Pero ahora se la pasa el día viendo la televisión, bebe cerveza, se inyecta heroína mientras piensa que en realidad ya nada funciona.

Como perros hambrientos


Si la vida se pone pesada, ya sabes qué hacer: ¡cambia de canal!; si tus padres te dicen que te aman no lo dudes: ¡busca una segunda opinión!; si el amor se pone pesado salta antes que te atrape y corre lo más rápido que puedas, así que mejor compra un mapa de carretera, estudialo cuidadosamente, y sabrás que existen al menos siete caminos distintos por los que podrías escapar de él.


Evitemos los campos de batalla, esos que huelen a muerte, los que están manchados de sangre, no bebamos de esa sangre, no respiremos ese olor, no pensemos, pensar es doloroso y no podríamos sobrevivir con un dolor así.


No te asomes por la ventana una bala perdida puede estar volándote la cabeza, y para ser sinceros, por estos días el anonimato es mejor que la fama. A veces, es bueno tener en cuenta que fuera de casa nada se nos ha perdido, por el contrario, en la calle nos aguardan para aniquilarnos.


No entres a los templos, son mercados administrados por tipos avaros que negocian con tu desolación, no les compres la fe que te ofrecen, es una fe manipuladora; no permitas que manoseen el vació que arrastras desde hace tiempo, es mejor andar sin esperanzas que tener esperanzas falsas.


Siempre después de cruzar una esquina, anda con cuidado, de un hueco puede estar saliendo un asesino, de aquellos que por estos días han sido perdonados, y podría ser tu fin.


Evita las sombras, una luz pavorosa metida en un cajón puede golpear tus ojos y dejarte ciego.


Dios, el tiempo se nos ha llevado todo, devuélvenos también nuestros cadáveres, enséñanos también los asesinos, déjanos también en la mesa de noche un revólver y una pistola.